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Un hermoso faz femenino es continuamente un embeleso y más si vas seguir de un cuerpo bello, fino y arpado, así es Claudia, mi mujer, más bien dicho mi compañera y amante. Cuando la conocí tenía alrededor de treinta, divorciada y con una hija de diez años, Carmencita, una chica mucho característico. Nuestra relación siguió los cauces comunes y corrientes. Nos gustamos desde el principio bien que soy menor que ella uno años eso no fue complicación para que el deseo, el placer y luego el cariño auténtico se hicieran carne en nuestra vida. Evocación con mucho atracción nuestro primer encuentro sensual, nos fuimos a un albergue y Claudia resultó todo lo que esperaba de una mujer tanto ella, suave, dulce y bastante apasionada. Sus tetitas, no mucho grandes pero firmes con pezoncitos oscuros que resaltaban sobre la blancor de sus redondos senos, duritos de deseo, los besé y chupé con embeleso, el olor de su cuerpo y la suavidad de su piel me pusieron extremadamente caliente, tuve que hacer un afán para serenarme mientras la besaba en el estómago y seguía bajando inclusive su pubis, mientras le bajaba sus calzoncitos, ella suspiraba y se movía cerca de desprovisto control. Llegué a su vulva y la encontré suavemente rasurada, le abrí sus labios mayores y comencé a saborear la entrada de su matriz que olía y sabía exquisita, se dejó hacer mientras le abría bien las piernas y le levantaba los glúteos para tener una mejor vista inclusive el botoncito de su ano. Recibo sus primer culminación en mi boca mientras contemplaba el hermoso espectáculo de su hoyito contraerse rítmicamente con voluntad propia, signo incontrovertible de su placer desbocado. La penetré con suavidad pero con firmeza, se quejó un carente entidad que me extrañó en una mujer que ya había parido, claro que hacía hoy sobrado ciclo, pero se notaba que había tenido corto ejercicio sexual, entidad que me agradó mucho, así que me detuve un poco para que se relajara y empezamos a jugar al entre-salga, en el momento que noté que estaba a punto me relajé y aumenté el juego dejándome llevar por el desenfreno del clímax inclusive la polución. No puedo decir que ella me siguió inclusive el conclusión porque simplemente no aguanté. Una entidad es cogerse una mujer simplemente y otra distinta es que esa mujer cumpla con las características que a uno le gustan, que era lo que yo tenía en mis brazos. En el momento de la relajación pasan montones de imágenes e ideas por la cabeza y mención vivamente que a mí me pasó una bastante importante: – ¡Esta mujer me gusta, la quiero para mí eternamente! Nos pusimos de lateral frente a frente y seguí acariciándola con suavidad, esperé el momento oportuno y se lo dije, ella sonrió con felicidad y un escaso de picardía. – Lo sé amigo. Mejor dicho, es lo que quería percibir. Evidentemente, seré tuya por el resto de mi vida por eso te elegí y accedí a alojarse en la litera contigo. – ¡Vaya, no me lo esperaba, así que planeaste comerme para saber si te gustaba! ¡Qué bien! – Compasión, ¿te molesta? – Conoces, en otra circunstancia me habría sentido manipulado y ofendido, pero contigo me parece encantador. Nos besamos con la satisfacción de haber encontrado el camino, seguimos acariciándonos y la segunda fue mucho más relajada y satisfactoria, esta vez no la solté inclusive sentir, con un índice en la entrada del ano, sus rítmicas contracciones, estábamos empezando a comprendernos profundamente como sería en adelante nuestra vida.
Comenzamos a programar nuestra vida en colectivo y para eso era esencial saber la aire que tendría Carmencita, que a esa altura tenía carente más de diez años, una chica asaz despierta para su edad, de hecho en más de una ocasión había hecho interrumpir los planes de su madre con relatividad a posibles parejas, porque a su inteligencia y curiosidad acompañaba una gran persistencia como más delante comprobaría. Una chica asaz linda y que a esa edad comenzaba a desarrollar sus características físicas que la haría carente más tarde una finura, pero no nos adelantemos. Felizmente para nosotros le caí bien a la pupila y ella me gustó por su viveza mental, mas en ese momento no sabía si eso me jugaría a auxilio o en contra, lo cierto es que congeniamos, por lo menos superficialmente. Nos fuimos a vivir en una casita no excesivo grande pero comodín, era ineludible que nos cruzáramos en diversas circunstancias en el diario vivir, y así transcurrió más de un año. Como dije la chica era básicamente curiosa y pronto iniciamos a sentir esa presión, máxime cuando el afecto y la pasión nos desbordaba con Claudia. Durante el jornada era común que nos besáramos actualmente que estábamos viviendo nuestra luna de miel y por las noches nos entregábamos con apasionamiento al partes del cual disfrutábamos mutuamente. Esperábamos que exteriormente lo suficientemente tarde para que Carmencita no nos oyera porque el ruido era inapelable, el de la catre y los ayes y gemidos. Bueno eso era lo que pensábamos porque un edad en seguida comprobamos que lo de dormida era un decir para la chiquilla. Pasó pellizco más de un año y un data en que estábamos los terna sentados en el living, viendo una película por Tv en que se mostraba una escena de romance y los protagonistas se besaban en la boca, Carmencita se volvió hacia nosotros y nos dijo: – Ellos abren la boca para besuquear, igual que ustedes. – Sí, contestamos un escaso cortados. – A mi me gustaría empollar a rozar así ¿Por qué no me enseñan? Habríamos esperado por poco cualquiera cosa, menos esa pregunta. Nos quedamos en silencio desconcertados. – ¡Ejm!… Creo que más adelante aprenderás, atiné a contestar. Claudia estaba roja pero no perdió la compostura. La escena en la Tv se puso más tórrida y la ejecutante se montó sobre las rodillas de su yunta y siguió besándolo amorosamente. – Yo asimismo quiero hacerlo así, dijo Carmencita y se subió sobre los dos abriendo mucho sus piernecitas. – ¡Carmen, Carmen! Atinó a decir Claudia tratando de bajarla de nuestras rodillas. – Espera, agregué. Tranquila, no pasa nada. La faldita de la chiquilla se subió hasta mostrar el arcén de sus calzoncitos, dejando al descubierto sus muslos delgados pero bien formados, no era la primera vez que los veía pero en esta ocasión no pude dejar de admirarlos. – ¡Bésense, quiero ver cómo lo hacen! – Está bien míranos, dije, esperando que eso la calmara. Volví la cabeza hacia Claudia y iniciamos a besarnos con la boca abierta y metiéndo la lengua. Creí que eso sería suficiente, pero no me esperaba su reacción. Tomó las dos cabezas con sus manitos y nos mantuvo pegados, posteriormente metió sus deditos a través de nuestros labios y por último su lengua tal queriendo participar en el besuqueo. – ¡Basta! Dijo Claudia con firmeza. No puedes hacer eso. – ¿Por qué no, prefieres que lo haga con otras personas? – ¡No, por Dios! No quiero que lo hagas con ninguna persona todavía. Se bajó de nuestras rodillas, se paró delante de nosotros y dijo: – Lo quiero hacer hoy en día, con ustedes, no en seguida con otros, los he escuchado en las noches y los he visto en la yacija y quiero estudiar eso aun y se levantó la faldita inclusive mostrar todos sus pantalón. Yo había visto esos calzoncitos más de una vez y los había olido en secreto y con culpa pero me excitaban mucho si bien no dejaba que se trasluciera ausencia, Claudia pagaba después las consecuencias de la calentura, pero tal a ella le gustaba no me sentía especialmente culpable. Hoy la confusión era completa, Claudia se tapó la cara avergonzada falto descifrar a responder nulidad. Yo reaccioné superando mi desorientación y le bajé la faldita no escaso rozarle las piernecitas tanto por desliz. – ¡Ejm! Mira amorcito, esas cosas las hacemos en privado porque son cosas que hacen las personas mayores cuando se aman, a ti incluso te amamos pero tanto hija. – ¡No soy tu hija! Protestó ásperamente. Se fue a su pieza y cerró la entrada dando un portazo. Quedamos en silencio escaso saber que hacer, al lapso oímos sus sollozos ahogados desde su cuarto. Nos miramos desconcertados un momento. – Nos quedan dos opciones, le dije, la dejamos tanto si no hubiera pasado ausencia y nos atenemos a las consecuencias, porque si está tan profundamente interesada de seguro lo hará con algún más a modo ella dice o, dejamos que nos mire y le enseñamos. No hubo resolución y no esperé que la hubiera en ese momento. La aseveración es que me excitaba mucho servir de guía, Carmencita me excitaba más de lo que había pensado. En fin actualmente había pasado de los once y se empinaba a los docena, edad en que muchas niñas comienzan su vida amorosa.
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by jovencita cachonda